La esperanza ahora se llama México

Naciones Unidas saca un primer balance de la Cumbre del Clima
que se realizó en diciembre de 2009 en Copenhague. El encuentro
no fue el hito que se esperaba. Ahora se cifran en México las
esperanzas.

“De Copenhague no salió el acuerdo que el mundo
necesita para combatir colectivamente el cambio climático. Eso
hace aún más urgente la tarea que tenemos por delante.
Esto significa también que el margen de acción para
resolver los problemas se torna aceleradamente más estrecho”,
declaró Yvo De Boer, jefe de la Convención Marco de
Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, sin poder ocultar su
decepción algunas semanas después de concluida la cumbre.

Parte de su trabajo es motivar una y otra vez a los gobiernos,
los participantes y a la sociedad civil a seguir trabajando. El tiempo
apremia: los efectos del cambio climático se han hecho realidad
y mientras más se tarde el mundo en tomar medidas que mitiguen
la catástrofe medioambiental, más costosas y peores
serán las consecuencias. Al menos en aceptar esto último,
la comunidad internacional logró un consenso.

Ingredientes daneses para un pastel mexicano

“Se podría decir que el pastel no se horneó en
Copenhague, pero de Dinamarca los participantes se llevaron los
ingredientes para hacerlo en México”, subraya De Boer. La tarta
en cuestión tiene que ser un acuerdo vinculante entre los 192
Estados miembros de la Convención para el Clima de Naciones
Unidas.

El llamado Acuerdo de Copenhague –resultado del encuentro y
que se traduce en una declaración política de
intenciones, no vinculante- no fue decidido en el pleno. Aunque hasta
el 31 de enero todos los países que quieren firmar el acuerdo
prometieron registrarse en la dependencia de Naciones Unidas, el
documento de Copenhague, en realidad, no se puede firmar. Los objetivos
de reducción de emisiones que cada Estado propondrá hasta
finales de enero son sólo una intención, no una
obligación. No obstante, tan grave como suena no es la
situación.

Son pocos pero son

“Piensen que el pequeño grupo de países que
acordó el documento de Copenhague es responsable del 80 por
ciento del total global de emisiones. Es más, esos Estados se
comprometieron a poner a disposición 28 millones de
dólares para medidas a corto plazo. Y a partir de 2020, 100
millones de dólares anuales”, recalca De Boer.

Aunque el acuerdo no sea vinculante, es una
manifestación de la voluntad política de la
mayoría de los miembros de la Convención para el Clima,
expresada al más alto nivel. No hay que olvidar que más
de 120 jefes de Estado y de Gobierno acuedieron a la cita en Dinamarca
y que la mayoría aprobó el texto.

México en preparación

La agenda para el encuentro en México aún no
está lista. Seguro es que a finales de mayo de 2010
tendrá lugar en Bonn una conferencia previa. Los Estados
participantes, hasta ese entonces, se habrán encontrado en
pequeños grupos para sacar un balance de la cita anterior y para
desarrollar la estrategia a presentar en el país americano.

Brasil, China, India y Sudáfrica se han citado el 24 de
enero en Nueva Delhi, por primera vez, con ese propósito. Para
Siddharth Pathak, de Greenpeace de la India, este encuentro representa
una esperanza, pues las economías emergentes más fuertes
del mundo pueden, entonces, representar el contrapeso a las viejas
naciones industrializadas.

¿Alternativa a Naciones Unidas?

“Son los únicos países que pueden lograr algo y
mostrar a nivel diplomático el poder que tienen para que las
negociaciones sean más firmes”, opina Pathak. Tanto la suya como
otras ONG se quejan de que las negociaciones sobre el clima son
manejadas de acuerdo a los intereses de los países ricos.

Sin embargo, a pesar de todas las críticas a los
contactos realizados hasta el momento, una alternativa real no hay. “La
Convención para el Clima es el mejor marco para lograr un
acuerdo vinculante entre los países. Es una instancia
democrática: todos los países afectados por el cambio
climático tienen voz en las negociaciones y en las decisiones
que se toman por consenso en el pleno. Si tuviesen lugar fuera del
marco de Naciones Unidas, muchos países no
participarían”, opina el activista de Greenpeace, enfocado ya a
la COP16 –como se denomina el encuentro de diciembre de 2010.

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