Por mi raza…

La Universidad Nacional Autónoma de México pasa por un momento complicado.

Esa institución, un ente maravillosamente complejo, padece de
numerosos males que sin duda se reflejarán en resultados negativos a
corto plazo.

El más grave, sin duda, es la incongruente decisión del gobierno de
Felipe Calderón de recortar 1 por ciento el presupuesto para la máxima
casa de estudios en 2010.

Es abominable que un país en vías de desarrollo opte por quitar recursos a las instituciones formadoras de su capital humano.

Se trata de 1 por ciento, que en números fríos parece poco, pero representa más de 500 millones de pesos.

Es la UNAM el escenario principal de los mayores avances en el
terreno de las carencias propias de una institución que le está
quedando muy grande al gobierno.

Es bien sabido que particularmente al panismo le preocupa muy poco
un desarrollo sano de la UNAM, pues desde la anterior administración de
Vicente Fox se veía con absoluta claridad que la educación pública en
el país, y más a nivel superior, es más una molestia que una garantía
de desarrollo.

La tecnocracia en el gobierno tomó la más fácil, recortar los
presupuestos universitarios, justo ahora, cuando en momentos de crisis
se debe asentar la base para salir de la penosa situación del
subdesarrollo, tomando en cuenta lo que se ha hecho en países como
España, Japón y otros muchos, cuyos gobiernos entendieron que en aras
de la educación se deben hacer todo tipo de sacrificios, principalmente
los que tienen que ver con adelgazar sus robustas estructuras y reducir
los elevados salarios de sus funcionarios de primer nivel.

Aplicando estas medidas, habría, sin lugar a dudas, más que
suficiente dinero, no sólo para no reducir el presupuesto de la UNAM y
las otras universidades públicas, sino hasta para incrementárselos.

El problema es que el gobierno de Calderón busca soluciones de corto
plazo y pierde de vista que para que el país pueda salir adelante
necesita universidades fuertes que garanticen la formación de
profesionales eficientes, y no que únicamente vayan a engrosar las
filas del desempleo.

Aquí el segundo problema, el nivel de los estudiantes de las universidades públicas en México es muy bajo.

Pero esto no debería ser una justificación para reducir su
presupuesto, sino un aliciente para encontrar mecanismos, como una
política presupuestal multianual para las universidades públicas, de
tal forma que sus rectores se ocupen de aspectos educativos y no sean
administradores para la sobrevivencia de sus universidades.

Pero, por si no fuera suficiente, está el asunto de los
universitarios radicales, como Lucía Morett y Ramsés Villarreal,
quienes han contribuido a la estigmatización de la UNAM como centro de
formación subversiva. Nada más alejado de la realidad, en la
universidad se aprende a pensar con libertad, si alguien decide tomar
la ruta de la rebelión, ya es responsabilidad personal y nunca de la
universidad.

FRANCISCO GARDUÑO

MILENIO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: